El inconsciente del carrete
Una foto artística no sera más que una foto mal tomada (pero adrede)? Es una de las muchas cuestiones divertidas e incómodas que surgen al filo de esta exposición. Dos amigos malagueños, Carlos Canal (médico-fotógrafo) y Jorge Dragón (periodista-artista conceptual) se han metido desde 1996 en las papeleras de los laboratorios fotográficos comerciales, para rescatar las imágenes rechazadas por la máquina según sus criterios de lo que constituye una foto cobrable al cliente. Excluidos son: falta de nitidez, irreconocible, abstracción, cuerpos sin rostro, ambigüedad potica, información lateral alrededor de un vacío, ángulos oblicuos, o contenidos sin aparente interés para el recuerdo. Toda una clase de ideología en negativo.
Entre unas 5.000 víctimas de la selección automática, 86 instantáneas han sido re-seleccionadas por los comisarios, respetuosamente enmarcadas y expuestas en el espacio sacro de un museo; patitos feos que hoy se ríen del álbum familiar que no los quiso. No obstante, les persigue un estatus ontológico incierto. Como frases mal entendidas, no tienen autor aunque sí realidad. Producto de algún espasmo del dedo o ignorancia de las especificaciones materiales que subyacen la ilusoria facilidad de reproducir lo que se ve, el abismo entre intención y resultado convierte en huérfanas estas imágenes que sólo podrán ser reconocidas como tal por otra eugenésica: la del mundo del arte. Aquí sólo lo alternativo es productor de sentido. Esta circunstancia hace del desliz voluntad, y una ola de referencias artísticas enaltece los accidentes; aunque bien sabemos que ninguna intención culta hubiera podido diseñar los más logrados (joyas, de verdad), y que si se fuera el caso, perderían gran parte de su encanto.
Según
Dragón, las fotos deslegitimizadas corresponden al "fuera de campo de
la vida", a los tropiezos o indecibles que ocultamos. En el contexto
de la exposición, se da a la vez la impresión contraria, de que son halagos
a la vida; destellos sugestivos de misterio y drama que transfiguran las ocasiones
corrientes para sacar la cámara, cual el inconsciente salvaje de las fotos
aceptables.
Luego
de ser ellos los primeros espectadores de lo reprimido, la autoría de Canal
y Dragón se extiende al ordenamiento de su peligrosa visibilidad. Inventan
cinco apartados temáticos para que singularidades y casualidades se movilicen,
enlazando sensaciones y afinidades. De esta manera se imprime significado
y coherencia a visiones sin ley, y se vuelven elocuentes a objetos encontrados,
accidentes estéticos, completamente maleables por esa entrecomillación artística.
Porque si nos trajeramos uno a casa,quizá nos parecería, otra vez, sólo una
foto mal tomada.
Lorna
Scott Fox